
Oye, ¿sabes qué?:
Mientras pintaba este Ireme, me vino a la cabeza algo que me contó un vecino cuando era adolescente. Era un señor mayor, de esos que llevan mil historias en la mirada.
Una tarde me habló de una fiesta tradicional a la que había ido de joven. Me decía que los tambores sonaban tan fuerte que el corazón latía al ritmo de la música.
Y en medio de todo, apareció un Ireme, moviéndose con una energía que, según él, no parecía de este mundo.
Lo más impresionante fue cuando el Ireme se le acercó, se quedó quieto frente a él y le puso una ramita de palma en el hombro.
En ese instante, me contó, sintió como si el espíritu de sus ancestros le hablara directamente.
Ahora que veo cómo quedó esta pintura… no sé, me hace pensar en esas palabras, en ese momento. Como si, de alguna manera, ese recuerdo también estuviera vivo aquí.
¿Te imaginas llevar esta historia contigo?
He convertido a la figura principal de esta obra Al Ireme con Yemayá bailando, en una sudadera diferente, que puedes lucir con orgullo, símbolos de la cultura tradicional afrocubana:
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«El arte no reproduce lo visible, sino que hace visible lo invisible.» — Paul Klee
Un abrazo lleno de música y buenos deseos.
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