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Crónica: 21 De Bandidos de la Banda 3

Crónica 21 de bandidos de la banda Homenaje a Jorge C.C “El Chino”

Existen personas muy especiales. Encontrarte con una de ellas en tu vida y además, caminar más o menos los mismos caminos por muchos años, es un privilegio.

Eso siento con el chino Jorge. Así le conocíamos entre los amigos.

Estudiábamos en la ENIA. El era alumno de guitarra y, aunque casi nunca le vi con su instrumento en la mano, lo veía con ciertos artilugios que mostraban su ingenioso sentido de la creatividad que lograba transformar objetos.

Por ejemplo, era capaz de convertir – con pinturas y chapas de metal- un reloj de la marca rusa ¨Poljot¨ , en uno de la marca japonesa ¨Seiko.

Este es uno de mis primeros recuerdos de él mostrándonos, orgulloso, su reloj.

El presumía de haber hecho muchos programas de la tele para niños, junto a la actriz ¨Carita¨ una chica muy famosa en los años 70 en la TV cubana.

El chino formaba parte de la banda. Dentro de ella, habían muchos tipos de intereses musicales, así que, dependiendo de lo que estuvieras desarrollando personalmente, te acercabas a grupos informales que se hacían para compartir intereses comunes.

Uno de estos grupos para mí era el de percusión. Me reunía con varios percusionistas (entre ellos, Luis Castillo) a ¨baquetear¨, es decir, darle con las baquetas a unas gomas clavadas en una madera.

La reunión la hacíamos en un pequeño parque cercano a la banda, donde habían dos grandes pabellones: uno para dormir y otro para los ensayos.

Otro grupo era el de los instrumentos de vientos. Nos reuníamos en otro parque, donde hacíamos notas largas con otros trompetistas o cualquier otro instrumento como un clarinete o a veces Cañizares con el saxo. Estos ejercicios o estudios diarios fueron y son fundamentales para llegar a tocar bien este tipo de instrumentos.

Había luego otro grupo más filosófico donde nos reuníamos para leer libros amarillos,, como le gustaba llamarlos a Eduardo Cordova, ya que eran viejos, de segunda mano y tenían ese color, el es percusionista.

En este grupo también estaba Ramón el ¨Congo¨ y, desde nuestra escuela, caminábamos juntos hacia el parque dónde nos reuníamos.

En el grupo más cercano, ése con el que salíamos los fines de semana, estaban Eduardo Piloto, Migue el ¨Fla ¨, Arabi del trio ¨Los Rubiola¨ y Jorge el ¨chino¨.

El chino tenía la capacidad de imitar la forma de hablar de un venezolano o un mexicano. Lo hacía de una manera magistral. Todas las tardes salíamos a las 17.00 horas y hacíamos un recorrido por las tiendas de Centro Habana.

Creo que esa fue la mejor época del país desde que tenía uso de razón y nunca más fue a mejor. En esa época tener dólares era un delito penado por la ley.

Nunca lo entenderé pero la razón es que esa “era la moneda del enemigo”. Existía lo que llamaron el mercado paralelo en los que, influenciado por los cambios socialistas en la isla, llegaban productos de Europa del Este, que para nosotros eran lo máximo: desodorantes en spray, perfumes ( incluso) franceses, electrodomésticos, entre otros.

Nosotros íbamos haciendo ¨guara¨ (confianza) con cuanta chica de las tiendas conocíamos. Ellas nos ayudarían a tener mejores accesos en las colas para obtener esos privilegiados productos.

Las chicas nos daban sus teléfonos (de casa claro está, aún los móviles no existían) y así nos enterábamos cuáles eran los productos que iban a salir a venta: una semana podía ser una grabadora de casette y otra un perfume Alicia Alonso, que la verdad es que era muy bueno. La mayoría de fines de semanas organizábamos salidas: lo mismo nos íbamos a Puerto Escondido, un camping lejano con costa y grandes piscinas; otras veces alquilábamos habitaciones de hoteles, o casas en la zona 12 de la playa Boca Ciega en Santa Maria del Mar.

A estos sitios casi todos de los que iban tenían novias, menos Arabí y yo. Sin embargo, entre los encuentros con algunas chicas de las tiendas o con otras que conocíamos en la playa siempre estábamos acompañados cuando nos tocaba la hora de retirarnos a nuestros respectivos aposentos.

Una vez llegamos al medio día a la playa Santa María del Mar para reservar en ¨Las Terrazas¨. Ya era la hora de almuerzo y lo único que estaba cerca y abierto era ese restaurante del Hotel Atlántico, en primera línea de playa. Allí , cuando quisimos entrar, nos enteramos que sólo admitían extranjeros (otra de la cosas difíciles de entender) y Jorge nos dijo:

-Déjenme hablar a mí-

Todos nos quedamos calladitos sin decir ni mu y él, con un perfecto acento mexicano, le dijo al primer maître. – Órale ¿qué pasó wey? ¿Nos pueden atender? -Si, como no, pasen y siéntense aquí en esta mesa- respondió el mesero.

Los demás nos quedamos de piedra. Si descubrían que éramos cubanos nos echarían del recinto y estábamos muy lejos de todo. Tratábamos de contener las carcajadas cuando

El chino se volvió a dirigir al maitre:

–“Nooo… pero por favor, queremos vistas al mar ¿cómo nos va a poner en esta mesa de la entrada?.

El camarero miró a su superior que estaba escuchando cerca y éste le hizo un gesto de aprobación, así que el mesero dijo, solícito:

-Si, como no, señor.

Vengan para esta mesa.

Nos sentaron ante aquella vista alucinante, embriagados por el olor a mar y pedimos cuantas cosas buenas había de comer: langosta, una gran pieza de Emperador y todas las exquisiteces las acompañábamos con sus correspondientes cervezas Hatuey. Eso era osadía:

sabíamos que tendríamos que pagar con moneda nacional pero después de disfrutar aquel banquete, todo nos daba igual, el mesonero cuando se dio cuenta del engaño y para evitar quedar mal con el jefe, puso cara de furia y nos dijo:

—Salgan corriendo, antes de que llame a la policía,—y eso hicimos, salimos ¨volando¨ de allí muertos de risa, hacia la arena, para allí, hacer tiempo, mirando al mar hasta, que abrieran las tiendas y comprar los alimentos y llevarlos a ¨Las Terrazas¨, que eran apartamentos, donde se podía cocinar.

Por cierto, una de las veces, en este sitio, pusimos unos grandes ¨Bafles¨ (altavoces), con música en el portal hacia la calle, frente había una parada de guagua, siempre llena de gente que se apeaban allí, el resultado fue muy divertido, la muchedumbre (que había mucha) salía bailando hacia la calle y sobre los coches aparcados como en la película ¨fama ¨, con el tema de Lionel Richie -ALL Night Long (All niight).

Verlo aquí:

https://www.youtube.com/watch?v=nqAvFx3NxUM Fué algo muy divertido, también poníamos mucha música de Elis Regina, Gal costa, Ivan lins, D’ Javan, etc. en cada sitio que nos dejaban.

Un día, El Chino llegó a la banda muy contento y me dijo: -Truji ¿tú no querías un piano vertical?- Inmediatamente contesté:

¡por supuesto!

El me respondió:

tengo uno para ti que sólo te va a costar 100 pesos.

Nosotros ganábamos alrededor de 300 pesos mensuales. Era un chollo, pero indeciso le dije:

“Pero…¿esto no tiene trampa ninguna?”

-Que no, -dijo. Lo he visto en un anuncio del periódico. Vamos esta tarde y lo vemos..

El chino tenía el don de convencer a cualquiera de cualquier cosa.

Era un gran vendedor, así que nos fuimos a la casa de la dueña, que quedaba casi en las afueras de La Habana por la ¨Vía Blanca¨, un barrio con las casas muy alejadas entre sí. Vimos el piano, miramos por aquí y por allá y todo estaba en su lugar.

Estaba desafinado pero era una oportunidad: por 100 pesos tendría un piano para afinar.

Conseguimos un camión y llevamos el piano directamente a la Habana Vieja, donde nos recibiría mi madre.

Ella estaba asombrada, contenta y encantada de tener de nuevo un piano en casa.

Ya en nuestro salón de entrada, abrimos la tapa de atrás del piano y encontramos, aterrados, un ejército de bichos llamados comején, termitas o carcomas. Sabíamos lo que ocurriría si dejábamos allí el piano: se comerían toda la madera de nuestra casa. Desarmamos el piano y lo tiramos en la noche en la Calle Habana. Mi madre se iba entristeciendo a medida que veía cómo destruíamos el piano. El chino se lamentaba pero a la vez trataba de levantarnos el ánimo.

Nos decía: “no se preocupen, esto lo vamos a resolver con acrílico. Haremos un piano transparente, sustituyendo las maderas por ese material.

Como se imaginan, nunca construimos ese piano transparente pero si le dejamos a la ventana de la casa, que era de madera, una buena herencia en forma de esos bichos innombrables.

Son muchísimas las historias que recuerdo del chino y que aún me hacen reir. Cuando estábamos divirtiéndonos mucho, en el mejor de los momentos, le decíamos: “Chino y pensar que nos vamos a morir”. No le gustaba hablar sobre la muerte. Le afectaba.

Por eso le hacíamos esa broma a veces.

Hace unos años El Chino nos dejó. Era muy joven aún y tenía mucho que aportar a esta vida. Poseía una desbordaba creatividad y, además, tenía un gran corazón. Se merecía ese tiempo que reclamaba cuando le hacíamos las bromas sobre la muerte.

Yo no sé si el chino presentía que no iba a llegar a la tercera edad, lo que si sé es que, para mí, el debe estar por aquí o en Miami, la última ciudad donde vivió. Algún día lloraré por él y su recuerdo porque aún hoy no he asumido su temprana partida. Me reconfortaría pensar que ahora está con mi madre. Que está construyendo para ella el piano transparente y así, con esa imagen, me quedaría más tranquilo. A ver si así termino de comprender que se nos fue El Chino, lo asumo y de paso, lloro su partida. Escrito por: Trujiz. Edición de texto: Jaqueline Aguirre Morales

 

2 thoughts on “Crónica: 21 De Bandidos de la Banda 3”

  1. Como bien dices ese era El Chino,unico ,original y bella persona ,recuerdo tambien que se hacia sus zandalias ,tenia una vision muy moderna avant-garde en sus creaciones, su imajinacion era desbordante,estupendo caracter siempre positivo y contento,somos privilejiados de haberlo conocido.
    Gracias Trujillo por haber tomado el tiempo de escribir esos lindos recuerdos que acompañan la perdida subita de nuestro amigo.

    1. Muchas gracias querida amiga, claro que si, fuimos unos privilegiados al tenerle en nuestras vidas…un gra abrazo

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