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Crónica: 9 De una vida no esperada

Los Satélites de la ENA

A los que salimos de la Escuela Nacional de Arte, nos propusieron continuar nuestros estudios  en la Escuela Nacional de Instructores de Artes, una escuela, a criterio de una pequeña parte del  gremio artístico, de bajo nivel o de las que se podía mirar por encima del hombro.

Nada más lejos de la realidad porque  algunos de los profesores del  ISA ( Instituto Superior de Arte) estaban entre los mejores del país. Por ejemplo, el gran Lázaro Cruz ( el Chekele)  y otros destacados artistas de la música popular, como Robertico García fueron mis profesores de trompeta.  En  las demás especialidades de música, teatro , literatura y danza, también daban clases grandes maestros en su género.

La mañana que ¨aterricé¨ en la ENIA y luego de la típica reunión con los nuevos alumnos en unas de las  (bonitas) casas ¨chalets¨ que conformaban la escuela, oímos como uno de los organizadores de todo aquello decía: “ que pasen los satélites de la ENA, o sea, los que por cualquier razón, no pudimos continuar los estudios en aquella institución tan renombrada.

Dirán que para mí todos los sitios de Cuba dónde estudié fueron mágicos. Y así es. La ENIA  era todo un barrio del  municipio de Siboney. La conformaban las hermosas casas de lujo de los años 50, reconvertidas en escuela. Tenían patios que se comunicaban con las otras casas, donde habían  árboles de mango, anón ( fruta muy cubana) y unos típicos flamboyanes que coloreaban el fin de curso de verde y rojo, en la calle principal.

Éramos alrededor de trescientos alumnos, quizás la mitad estábamos allí becados todo el año, dormíamos en los albergues. Las chicas dormían en la calle central, con alguna excepción,  y los chicos en la calle de atrás. Y ¡qué noches!  Eran un hervidero de las voces alegres de los estudiantes y la música de sus instrumentos..

Nos atendía un profesor, que se quedaba de guardia y nos despertaba en la mañana. Muchas de esas noches fueron interminables porque había que estudiar para las clases del próximo día. Los sonidos musicales salían de los múltiples instrumentos. 

En las mañanas estudiábamos un pre-universitario artístico -solo letras- y en las tardes la especialidad, aunque a veces se mezclaba todo.

El área ( la casa) de trompeta y percusión estaba en una esquina, cerca del comedor y en la otra esquina había una panadería, donde fabricaban dulces, era difícil conseguirlos pero sólo el olor de dulces tipo ¨Masa Real ¨que nos llegaba, ya nos alimentaba.

¡Que gran ambiente!

Cada mañana, en los matutinos, se hacían actuaciones a veces tan cómicas, que estábamos todo el día desternillados de risas.

 En una de esas mañanas, actuaron unos novedosos cómicos, llamados¨”Fonomemecos”. Eran tres actores – que después se cambió a dúo- y cambiaron también su nombre a “Fonotarecos” .Se hicieron muy famosos, ponían unas grabaciones fuera de revolución y hacían unas mímicas extraordinarias. 

Este sitio mágico de mis memorias es el del principio de los principios amorosos. Allí aprendí a leer cada gesto; a aplicar la teoría escuchada de tantas conversaciones de los mayores en esos cuentos entre literas. Llegó mi hora de ejercer el amor y allí viví los momentos que  quedarían grabados a fuego en algún rincón del cerebro. Allí hay cajitas donde  vamos guardando un lugar a cada amor, a cada detalle, a cada palabra  susurrada y a cada mirada. Allí están, por siempre acompañándote.

Allí está, en su cajita, aquel baile de noche…

Una vez a la semana, durante algún tiempo, se hacían unos bailes  en los portales de algunas de las casas. Me acuerdo especialmente de una, donde, no siempre, aparecía como por encanto alguna botellita de un mal ron.

 Como norma, después de algunos temas funk, se ponían baladas, se apagaban las luces y surgía la maravilla. Para mí era cuando me tocaba bailar con una chica de Pinar del Rio que no era mi novia. Estaban prohibidos los besos en una ley no hablada, pero el baile era de enamorados, muy pegados los cuerpos. Ella tenía unas mejillas especialmente esponjosas, con olor a talco de bebe, (marca ¨Bebito¨).

 Allí está ella, la chica de Pinar del Río, en su rincón especial de los cariños al límite de la amistad y del amor con olor y sabor a mar. A mi mar cubano.

Escrito por: Trujiz.
Edición de texto: Jaqueline Aguirre.
Valorado con 5 de 5

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