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Crónica: 14 De una Vida no Esperada

Las Escuelas al Campo 2
Guantánamo seguía siendo el escenario de la segunda vez que fuimos a “La Escuela al Campo” esta vez esta vez sembrando caña de azúcar.
El campamento estaba a 20 metros de el Guaso, un caudaloso río y casi todas las tardes, organizábamos con los profesores paseos para bañarnos en él.
Una de esas tardes un estudiante que sabía nadar, trataba de hacerlo contra corriente y ella lo iba arrastrando.
El empezó a gritar, de pronto: “me hago, me hago” y uno de nosotros respondió: ¿pero que te haces?
.Todos soltamos las carcajadas porque pensábamos que estaba de broma
. En medio de la risa, alguien dijo: él está diciendo “me ahogo, me ahogo” y nos quedamos paralizados del susto.
Menos mal que uno de los profesores se lanzó al agua y lo salvó. Aplaudimos al héroe que lo había rescatado.
Como buena escuela de arte nos habían llevado instrumentos, congas y tambores de todo tipo.
Esa fue la primera vez que escuché un guaguancó, tocado por los alumnos más avanzados.
Tanto me ha gustado ese género desde entonces que en mi disco Sevillabana incluí “Carmelina”, un guagancó escrito e interpretado por Jesús Berrío.
Cantábamos por las tardes y por las noches. Siempre a la cabeza estaba Angel Bonne, cantando y enseñando los toques a cada quien.
Ese ritmo afrocubano necesita que cada tambor haga un toque específico constante y hay un tambor agudo, el más pequeño de aro llamado ¨Quinto¨. Con el Quinto se va ¨quintiando¨ es decir, este va cantando y se improvisan maravillas con él.
En” Las Escuelas al Campo”, unas maletas de madera transportaban delicias. Muchas latas con ¨fanguito¨ ese dulce que se hace en la misma lata de la leche condensada, puesta a hervir en agua, lo que le da un color que parece fango pero sabe a lo que sabe lo divino, el más rico dulce del universo verso, un manjar que nace de la necesidad de hacer de lo sencillo, algo grande.
Había en esa zona, la leyenda del ¨güije¨. Se decía que eran unos seres pequeñitos muy negritos, del tamaño de un niño de 8 años, pero que son adultos, fuertes, que se ríen y saltan desde lo alto, al río.
Contaban en el campamento que por las noches se sentían allí y que los escuchaban.
Una noche salimos corriendo hacia el río para verlos y llevábamos linternas, pero no había nadie, el río fluía como siempre.
A la mañana siguiente un compañero vino gritando: “hay huellas, hay huellas de los güijes”. Fuimos en desbandada hacia allá y efectivamente, había huellas de ellos, estaban allí, eran muy pequeñas y profundas.
Al ver la evidencia, muchos de nosotros creímos en la existencia de los guijes, esos seres de leyenda.
Después nos enteramos que un profesor escultor había fabricado las huellas.
Estábamos tan cerca de la base Naval de Guantanamo, que escuchábamos en unos radios portátiles inmensos marca ¨VEF ¨de fabricación rusa, la estación ¨Guantanamo Bay¨ , nos tirábamos, uno encima de otros, chicos y chicas, de almohadas en la noche, mirando las estrellas, en las bajitas hierbas de alrededor del campamento, a escuchar la música del enemigo, recuerdo con especial cariño un tema que ponían cada noche de ¨ Captain & Tennille ¨ el tema ¨Love will keep us together ¨ , es un tema que ilusiona y que invitaba a soñar, nadie se puede morir sin escucharlo, creo que mi atuendo, de gorra de capitán -que comencé a usar en las actuaciones con Carlos Varela- no viene del gran Dizzy Guillespie, que también la usaba, ni del panameño ¨El General¨. El uso de mi gorra viene de este Captain & Tennille.
Recuerdo que una noche que llovía mucho, había una chica que me gustaba, también de ballet.
No sabía cómo declararme. Recordé que un amigo tenía unas palabras mágicas que funcionaban, según él, para convencer a cualquier chica.
Eran palabras muy primitivas pero me decía el amigo que eran efectivas para ligar.
En ese lugar habían unas mesas de madera rústica, de veinte metros de largo. Ella estaba a mi lado y yo sin poder soltar la frase mágica, por el miedo al fracaso.
Decidí ponerme un tiempo específico, mágico también:
Por cada rayo que cayera esa noche, contaría hasta tres y al tercer rayo le declararía mi amor con estas palabras:
pues contaría, por cada rayo que cayera, hasta tres, viendo el tercer relámpago, solté la frase mágica:
El amor es la fase superior de una linda amistad, ( seguida de un) dime si, o, no.
Me miró con sus bonitos ojos verdes, y me dio un rotundo NO.
Aprendí que había mucho que aprender. Que no era una frase lo que podía hacer que una chica quisiera estar conmigo.
Aún tenía que pasar un par de años para que, sin frases preconcebidas, en La Habana, en Cubanacan, el destino me guardara ese primer apretado y elemental beso danzado… si, danzado, porque ella practicaba danza .
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Escrito por: Trujiz.
Edición de texto: Jaqueline Aguirre Mora

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