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Crónica: 22 De Bandidos de la Banda 4

Crónica 22:De bandidos de la Banda.
 
Al poco tiempo de entrar en la banda tuvimos la suerte de que inauguraron un salón de ensayo en un pabellón con aire acondicionado.
 
Efectivamente, a partir de esa inauguración, las rutinas de estudio individual del instrumento, en mi caso la trompeta, se complementó con ensayos de los himnos de diversos países y repertorios para conciertos, lo que nos ayudó a aprender muchos géneros musicales.
 
Frente al salón había un sitio donde guardaban archivos de partituras antiguas, en cartulinas con olor a humedad, con unas caligrafías musicales muy raras. Ellas fueron muy importantes para nosotros por conformar parte de nuestro nuevo repertorio y una nueva forma de leer la música.
 
Éramos alrededor de diez a doce trompetistas. Nos fueron clasificando y yo entré, afortunadamente, en las primeras trompetas para todos los repertorios. Quedamos unos cinco primeros trompetas, varios segundas y algunas terceras, estos últimos, por lo general, estaban comenzando con el instrumento.
 
El director de la banda tenía una particular forma de hablar: era como si su lengua fuera muy pesada junto a un sonido en su voz, más bien grave.
 
A él le encantaban las trompetas y tenía especial cuidado en el tratamiento con los trompetistas. Un día en el que había una ceremonia importante, se me acercó y me dijo al oído con esa voz particular:
 
-Oye bicho, ¿ sabes que eres el mejor trompetista que tenemos aquí?-
 
-Muchas gracias Milanés- le dije. Se lo agradecí mucho porque ese día estaba sufriendo un infernal calor con ese traje confeccionado de una tela muy gruesa, propia de Europa del Este, camisa blanca, corbata y gorra invernal.
 
Ese halago, al menos, me hizo sentir que era importante allí pero…después nos enteramos que eso que me dijo a mí se lo dijo a todos. Nos reímos mucho todos los “mejores” trompetistas.
 
Nos llegamos a aprender -de memoria- muchos himnos porque los interpretábamos cada vez que los diplomáticos se hacían las cartas credenciales al entrar en su respectiva embajada. Se hacía una ceremonia militar, por lo general a las doce del día habanero. A veces había hasta tres seguidas el mismo día.
 
Cuando acababa la ceremonia, el único aliciente era que nos daban un bocadillo de algún tipo de jamón de York y una lata de jugo de mango ¨Taoro¨. Nuestras gargantas sedientas se aliviaban.
 
A veces a los diplomáticos les gustaba mucho como interpretábamos el himno de su país y cuando venía su respectivo presidente a alguna otra ceremonia, nos invitaban a comer.
 
En estos sitios en La Habana habían grandes arreglos florales con flores de mariposa en forma de bola colgando del techo. Paredes de madera llenas de orquídeas y otras paredes con cascadas de agua, puertas giratorias con vitrales de múltiples colores. Y qué decir de las comidas. Entre las flores y los aromas de los banquetes nos sentíamos en otro mundo, muy diferente al que nos esperaba afuera.
 
Muchas veces nos tocó disfrutar de esos privilegios en la banda. Esto dependía totalmente de la calidad con que se tocaban esos himnos, unido a la sensibilidad y generosidad de esos presidentes, que nos invitaban a comer. Esa era una visa a otro mundo, a un mundo de fantasía.
 
“Fastear” entre los músicos cubanos, significa viajar al extranjero. El término viene de los textos en inglés que están escritos en los asientos de los aviones que rezan: “Please fasten your seat belts” que quiere decir, por favor ajusten sus cinturones.
 
Pues un¨”fasten”, (que luego esta palabra derivó en faster), siempre fue prioritario para nosotros, era como un sueño. Una tarde nos llamó el director Milanés y nos informó que se iba a formar un grupo para un faster. No era un viaje cualquiera: como éramos militares tocaríamos para las tropas, como haría Glenn Miller en su momento. Sólo que a nosotros nos tocaba ir a África.
 
Era un gran riesgo porque sabíamos que se libraban guerras muy cruentas por allí, pero, era tal el deseo de salir de la unidad, que hasta nos ilusionaba.
 
No me acuerdo de todos los que integramos el grupo, pero sí recuerdo a Raudel Betancourt en la flauta y el piano y a Roberto Asea, que era percusionista pero le gustaba cantar como Oscar de León. Con los años se transformó en el actual ¨Roberton¨ de la famosa orquesta Los Van Van.
 
Se iba a formar un espectáculo con civiles y los ensayos serían en unas casas, cerca del río Almendares.
 
Entre los civiles había un grupo de teatro y uno de danza, con bailarines y bailarinas. La coreografía seria dirigida por Irma Cassola.
 
Luego de un par de meses de ensayos, ella nos mostró unas fotos de sus familiares, entre ellos, su hija.
 
Quedé enamorado y le pregunté:
 
-¿Ella es tu hija?-
 
-Si- me respondió sonreída. Pues bien, me voy a casar con ella, le aseguré.
 
Todos nos reímos. A los pocos días, la hija vino al ensayo.
 
-¿Eres la hija de Irma?- le pregunté
 
-Soy Niurka- me dijo. Encantada.
 
– Pues no te pareces a la de la foto-. “Oye Irma, ya no me caso con ella” dije dirigiéndome a la madre.Todos nos reímos.
 
Al país en guerra al que íbamos nunca pudimos ir porque se habían intensificado los combates. Así que nos tocó hacer unas pocas actuaciones locales y en algunos campings.
 
Irma, Niurka y yo hicimos una verdadera amistad. Conocí su casa y siempre me sentí muy bien atendido por ellas. Por cosas de la vida, nos tocó distanciarnos.
 
Pasaron un par de años y aunque en ese tiempo no les vi más, los amigos salíamos los fines de semana. Un día nos tocó ir al Hotel Tritón, en el municipio Playa.
 
Esa tarde bajé a las rocas cerca del mar y allí estaba ella. Nos alegramos de vernos y establecimos una inolvidable conversación, que empezó a tener tintes amorosos. Le pregunté si quería acompañarme a la habitaión que había alquilado con vistas al mar. Ella vino conmigo.
 
Un beso, un solo beso nos dimos y supe en ese momento que era diferente a todo lo que había sentido.
Con este beso se abría un portal espacio tiempo a una nueva vida.
Allí sellamos la promesa que hice ante su fotografía.
 
Después de un año de noviazgo y convivencia se cumplió aquella primera impresión al ver la foto. Nos casamos y al poco tiempo nació mi querida y adorada Heydi.
La banda, una guerra, una foto y unos amigos dictaron la pauta de las casualidades y las causalidades en ese episodio de mi vida.
 
Se cumplió la bendición, pues si mi camino no hubiese pasado por la banda, hoy no existirían las dos personas más importantes de mi vida: Heydi, mi hija y Enzo, mi amado nieto.
 
Escrito por: Trujiz.
Edición de texto: Jaqueline Aguirre Morales

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